Navegar el temporal provocado por las recaídas: un enfoque físico y mental

Las recaídas son una amenaza siempre presente sobre la mayoría de las personas que viven con EM. De hecho, aproximadamente el 85 % de los diagnósticos iniciales de EM corresponde a esclerosis múltiple con recaídas y remisiones (EMRR) que se caracteriza por episodios de deterioro neurológico y tiene diferentes nombres: “recaídas”, “exacerbaciones” o “brotes”. Al final del día, todos son lo mismo, y significan una mala noticia para todos los que vivimos con EMRR.

Las recaídas, que se definen como un nuevo síntoma o el agravamiento de un viejo síntoma que dura más de 24 horas, son como huéspedes sombríos, que se acercan inadvertidamente y se escabullen. Conocer el momento exacto cuando comienza o termina una recaída puede ser difícil de determinar.

En general, la frecuencia, gravedad y duración de los ataques no se rigen por las leyes de la naturaleza. Desde mi diagnóstico en 1988, nunca he tenido un “momento clave” que anunciara el inicio o la finalización de una recaída; sin embargo, he aprendido cuál es la mejor forma de superar esta experiencia y recuperar la persona que era antes de la recaída, en la medida en que se pueda recuperar.

Cuando sufrimos una recaída

Si bien es importante estar preparado para una recaída, no podemos dejar que el miedo controle nuestras vidas. Mi mayor temor es que una recaída no desaparezca, tengo miedo de ir cuesta abajo y no poder regresar de eso. ¿Se puede tener un plan en caso de que suframos una recaída de este tipo? La respuesta corta es sí y no. La propia naturaleza de la EM y de las recaídas evita que se pueda contar con un plan definitivo. Soy honesto conmigo mismo y me doy cuenta de que sin importar qué medidas tome, nunca hay garantías de éxito. Pero tengo que seguir luchando porque el día que deje de hacerlo será el día que tire la toalla y la EM se proclame ganadora (¡y eso es algo que no estoy dispuesto a permitir!).

Mantener una actitud positiva y estar en forma

Luchar contra una recaída requiere de una fuerza sobrehumana y es una batalla que se libra en dos frentes: la actitud mental y la aptitud física; estos dos puntos son necesarios para recuperar a la persona que éramos antes de la recaída. Esto puede ser un verdadero problema para las personas que viven con EM porque, para algunas de ellas, su fortaleza física se ve comprometida, y otras deben enfrentar problemas cognitivos. Algunas personas tienen problemas físicos y mentales, lo cual es increíblemente difícil de sobrellevar.

En mi caso, hacer ejercicios físicos es fundamental. Cuando me doy cuenta de que estoy sufriendo una recaída, y que no se trata sólo de uno o dos días “malos”, redoblo mis esfuerzos para mantenerme positivo y hacer ejercicios, con la esperanza de que esos esfuerzos acorten mi recaída. Comienzo de a poco hasta llegar a períodos más largos de actividad física. He descubierto que los momentos en los que menos ganas tengo de hacer ejercicios es cuando más lo necesito; por lo tanto, mi perseverancia es fundamental en estos casos. Si bien es difícil probar si el ejercicio y la positividad pueden tener un efecto sobre la gravedad y la duración de una recaída, siempre me siento mejor cuando hago algo que creo que me puede ayudar. Y me parece que si mi bienestar físico mejora, también lo hará mi bienestar mental.

Manténgalo simple

Hacer ejercicios no tiene por qué consistir únicamente en ir al gimnasio o levantar pesas. Por el contrario, me he dado cuenta de que las cosas pequeñas pueden lograr una mejora considerable en el estado físico. Consulte mis consejos simples que pueden ayudarlo:

Trabaje los abdominales: cuando se siente, hágalo con la espalda recta alejada del respaldo de la silla, esto ayudará a fortalecer la parte central del cuerpo.

Manténgase erguido: la capacidad de pararse es increíblemente importante y nunca debe darse por sentado. Recuerde que no puede caminar a menos que esté parado. Mi regla número uno: no se no se quede quieto.

Documéntelo: lleve un registro de sus ejercicios. Hace nueve años que tengo uno y me ha ayudado a realizar un seguimiento y evaluar mi progreso. Ver una disminución en el tiempo que le dedico a la actividad física o en la frecuencia con que la realizo me motiva a tomar medidas.

Superar una recaída es difícil; sin embargo, debe dar lo mejor de sí mismo para mantenerse positivo. Incluso si vacilo, me recuerdo a mí mismo que mañana será otro día, y que con resiliencia, se puede alcanzar el éxito.

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