¡No, no estoy borracho! Tengo EM

A estas alturas ya debes haber visto en algún lado una taza o camiseta con la inscripción “No estoy borracho, tengo EM”. Si tienes EM y alguna vez has visto el modo de andar de una persona ebria (quizás esa persona seas TÚ), probablemente te identificarás con esto. Los síntomas de la EM y la embriaguez tienden a coincidir: pérdida de la coordinación, del equilibrio, etc. Dejando de lado las bromas, si los síntomas de la EM son similares a los de la embriaguez, ¿podemos beber sin peligro cuando tenemos esclerosis múltiple?

Antes de entrar en el aspecto clínico, permitidme deciros algo acerca de mi experiencia y mis observaciones personales sobre el alcohol y la EM. Personalmente, aprendí que no puedo beber. Es como si me hubiera vuelto extremadamente sensible a los efectos del alcohol. Si tomo un trago de cualquier cosa, mis piernas, que ya son inestables y poco firmes, se vuelven aún más inestables. Me choco con las cosas incluso más que antes. ¿Es eso divertido? Literalmente, a veces puede parecer que bebí una botella de vodka después de haber tomado solo unos pocos sorbos de vino, algo que me saca de mis casillas. Es bastante injusto, ¿verdad?

Pero, por otro lado… tengo muchos amigos con EM que pueden beber, con moderación. Pueden beber un vaso de vino con la comida y no sentir nada. Tengo otra amiga con la enfermedad de Lou Gehrig (esclerosis lateral amiotrófica, ELA) quien, o bebe como un cosaco y no siente nada, o toma un sorbo y se siente completamente embriagada. En esas noches, es sincera y dice que no puede beber más.

No soy médico, pero supongo que debe tener algo que ver con lo que le sucede a su cuerpo en el momento de consumir alcohol. Pero eso me pasa solamente a mí, y a ellos. Tú eres tú.

Nadie lo conoce ni padece como. Suena extraño, ¿no? Pero lo mantengo. Cada uno de nosotros es muy distinto en las enfermedades y el modo en que se presentan y lo que se presenta en cada momento (desencadenantes). De modo que esta conversación debería comenzar contigoy con tu médico.

Lo primero a tener en cuenta son tus medicamentos. Dependiendo de ellos, es posible que no puedas beber. Habla acerca de los medicamentos con tu médico. Si tu médico te dice que no tiene por qué haber problema si los mezclas, entonces puedes pasar a lo siguiente, que es descubrir lo que te funciona, y lo que no.

Yo me di cuenta bastante pronto de que beber no me encajaba con la EM. Que se me exageraran todos los síntomas no me hacía particular gracia. Así que decidí abstenerme de beber. Sin embargo, tengo muchos amigos que se las arreglan para beber y estar bien. Ellos también aprendieron a conocer sus límites. Al igual que cualquier proceso en el manejo de la EM, ellos aprendieron poco a poco lo que les funcionaba. Sea cual sea tu bebida predilecta, cerveza, vino u otros alcoholes, todo consiste en lo que te funciona y sólo tú lo sabes.

Dependiendo de la dosis, no todas las bebidas se consideran dañinas. Por ejemplo, ¿sabías que el vino tinto tiene más antioxidantes que el zumo de bayas? Los antioxidantes son esos pequeños guerreros que salen en busca de los peligrosos radicales libres que pueden dañar las células para destruirlos. ¡Los antioxidantes están de nuestra parte!

Más buenas noticias para los bebedores

Un estudio en The New England Journal of Medicine descubrió que las mujeres que bebían alcohol con moderación experimentaban un aumento de la capacidad intelectual. ¡Lo sentimos, chicos! El estudio evaluó a más de 12.000 mujeres de edades entre los 70 y los 81 años. Sorprendentemente, las bebedoras moderadas tenían una mejor puntuación en las pruebas de función mental, y los investigadores descubrieron un aumento de la capacidad intelectual en personas que consumían una bebida por día. Además, los bebedores moderados reducían en un 23 % el riesgo de deterioro mental en comparación con quienes no beben. Así que tal vez el beber con moderación podría tener algún beneficio, ¿eh?

Esta es la época del paciente electrónico. Te recomiendo que investigues un poco, hables con tu médico y seas sincero contigo mismo y con tu cuerpo. Toma nota de cómo y cuánto se ven afectados tus síntomas con determinados tipos de bebidas. ¿Te sientes calmado y en control? ¿Pierdes tus facultades como si tuvieras una recaída de EM? ¿Cómo te sientes al día siguiente? ¿Y posteriormente en la misma semana? Nadie conoce tu cuerpo tan bien como tú. Toma el mando, habla con tu médico, investiga un poco y ve poco a poco, observando qué te funciona y qué no te funciona.

¡Salud!

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