Mi propósito: ser más firme en mis decisiones

Cualquiera que sufra de esclerosis múltiple está consciente del rango de emociones que acompañan al diagnóstico. Cada día podemos enfrentar diversos estados de ánimo. Solo puedo imaginar lo difícil que es para quienes nos rodean, pero a veces también merecemos un poco de comprensión.

Al recibir el diagnóstico, debes aprender a morderte la lengua. Te encontrarás con muchas personas que no saben cómo reaccionar ante este. Intenta ser paciente con ellos. Esa gente está luchando por saber qué decir. Al principio, puede que pienses que lo que dicen es molesto o antipático, pero créeme, en el futuro, te reirás de eso. He hablado con otras personas que conozco con EM y son graciosas las cosas ridículas que pueden decir.

Si bien me resulta sencillo lidiar con esto, me ha costado mucho comprender por qué las personas esperan tanto de mí. Sé (con una mano en el corazón) que podría cancelar algo con cualquier de mis amigos con EM, y que lo comprenderían totalmente. Pero con otros amigos y familiares, no tengo la misma sensación. En cambio, me he encontrado en muchas ocasiones con: “No te he visto hace mucho tiempo”, o “es la segunda vez que cancelas”.

Me encuentro muchas veces accediendo a cosas para mantener la paz. ¡Qué tonta! Cuando estoy destruida al día siguiente a causa de ceder, ¿dónde están ellos? La próxima vez los llamaré y diré: “Hay que lavar la ropa y sería genial que puedas traerme algo para almorzar. No puedo hacerlo ya que me amedrentaste ayer para verte cuando en verdad no podía hacerlo”. ¡Estoy segura de que mi teléfono móvil se quedará mudo un rato si digo eso!

Eso es lo que nos sucede a algunas personas como yo que vivimos con EM, en ocasiones nos sentimos culpables de no poder hacer todo lo que el mundo espera que hagamos. Recientemente me encontré yendo a un evento porque habían notado que “no me costaba nada” ir. Así que fui yestuve exhausta los siguientes dos días porque me sobreexigí. ¿Y para qué?

Algunos días es todo un logro ponerme un par de medias o caminar hasta la puerta de entrada, pero es un logro al fin, sin importar cuán insignificante parezca. Los días que puedo hacer esto, siento que podría controlar al mundo. Pero cuando estoy exhausta porque una amiga decidió que fuéramos de compras durante diecisiete horas para conseguir un par de zapatos, me siento como un globo desinflado.

Me niego a seguir viviendo de esta manera. A partir de ahora seré más firme en mis decisiones, y que la gente lo tome o lo deje. Esa es la vida con EM. ¡Hace ocho años que vivo con esto y sigo aprendiendo!

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