Soy abuela y tengo EM

“¡Abuela, abuela, ven rápido!”, me llamaba Sylvia, mi nieta de cinco años.

Salí y descubrí una hermosa mariposa negra y amarilla que aleteaba en nuestro jardín, cerca de nuestro limonero.

“Por favor, agárrala por mí”, dijo Sylvia.

“Ojalá pudiera, pero la abuela no puede correr ni saltar hoy, me duelen mucho las piernas”.

Se inclinó hacia mí y dijo: “Está bien, abuela, tal vez la próxima”.

Observamos la mariposa durante algunos minutos y luego Sylvia continuó alegremente recogiendo hojas y pequeñas flores por todo el jardín.

La suerte estuvo de nuestro lado y pude atrapar una mariposa con mis manos. Se la di a Sylvia para que la sostuviera durante un segundo y luego la liberamos. Sylvia comprende que hay momentos en que, aun si quisiera hacer algo con ella, realmente no podría. También sabe que si pudiera lo haría.

Jugar con mis nietos mientras vivo con esclerosis múltiple no es siempre fácil: intenta estar sentado con las piernas cruzadas jugando en el piso durante mucho tiempo y luego levantarte. Entre Sylvia y Franco, mi nieto de un año, tuve tiempo de sobra para perfeccionar mis habilidades: primero tomar impulso, luego girar y finalmente pararme en cuatro patas. ¡Puede que no se vea muy elegante, pero al menos funciona! Franco está poniéndose más pesado ahora, entonces para que sea más sencillo cuando me visita, hago todo en el piso, desde cambiarle los pañales hasta alimentarlo. La ventaja es que todo el tiempo que paso con los niños me ayuda a mantenerme en forma. Estoy segura también de que mis habilidades con el balón mejorarán una vez que Franco crezca un poco más.

Intento ir al establo con mi hija y los niños al menos una vez a la semana. Sylvia ama los caballos y es muy buena montando y cuidando a su caballo. Solía temerles a los caballos luego de una caída que tuve hace varios años, pero ahora me siento cómoda estando cerca de ellos y tocándolos. A veces, solo me siento a ver los caballos y otros animales del establo. Me da mucha paz. Esta hora o dos de relajación es tiempo suficiente para que me sienta mentalmente recargada y renovada.

No creo que sea necesario discutir mi EM en profundidad con mis nietos. Con el tiempo, Sylvia ha logrado comprender el dolor. También sabe lo que es sentirse cansado, por lo tanto comprende que no pueda hacer algo debido a la EM. Mi hija y yo acordamos que cuando los niños sean mayores les contaremos más acerca de la EM, pero solo lo necesario. Al igual que mi hija tuvo que lidiar con mi EM, los niños harán su propia investigación cuando crezcan y decidirán qué más quieren saber.

Mis nietos le dan tanta alegría a mi vida. Me considero bendecida por poder ser capaz de formar parte de sus experiencias cotidianas y verlos convertirse en los adultos que serán, y elijo que mi EM no afecte eso.

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