¿Va al gimnasio y tiene EM? Consejos de una entrenadora

Cuando me diagnosticaron esclerosis múltiple hace 10 años, me aconsejaron evitar realizar actividad física o practicar deportes. Antes de la EM, me encantaba mantenerme activa y un día, repentinamente, me quitaron esta posibilidad. Decidida a encontrar una manera de mantener mi cuerpo en movimiento, realicé mis propias investigaciones y encontré que el ejercicio puede ser útil para controlar los síntomas de la EM, mejorar la función cognitiva6 y disminuir los niveles de fatiga7. Así que hablé con mi neurólogo y comencé a trabajar para ponerme en movimiento nuevamente.

Comencé de a poco, con natación y caminata nórdica, pero no estaba segura de qué más hacer o de cuánto podía exigirme. Todo cambió cuando abrió un gimnasio en mi área. Fui a ver el lugar y junté el coraje para decir: “Tengo EM, ¿puede entrenar a personas con esta enfermedad?”. No sólo obtuve un rotundo “¡Sí!”, sino que también descubrí que mi gimnasio había abierto para entrenar a personas con todo tipo de problemas físicos. Emocionada por esta nueva oportunidad, me inscribí para recibir entrenamiento personal de inmediato. Fue ahí cuando conocí a Diana, una entrenadora que tenía experiencia trabajando con personas con enfermedades crónicas como la mía. Tuvimos una consulta preliminar intensiva sobre mis posibles limitaciones, y luego comenzamos un plan de entrenamiento personalizado. Mi rutina incluye entrenamiento cardiovascular y de resistencia, mientras que también se enfoca en mis “áreas problemáticas” (señoras, ya saben a lo que me refiero ).

Desde que comencé mi entrenamiento con Diana, he aumentado la fuerza en las partes de mi cuerpo especialmente afectadas por la EM. Por ejemplo, trabajar en la zona de la espalda me ha ayudado a desarrollar una mejor postura y reducir el dolor en esta área. Además, dado que tuve una recaída que afectó el lado izquierdo de mi cuerpo, Diana y yo decidimos enfocar gran parte de mi trabajo en el gimnasio en esa área, lo que me ayuda a sentirme fuerte, segura y en control.

Hay momentos en los que me cuesta encontrar la motivación para realizar una sesión difícil de ejercicios, pero saber lo mucho que esto me ayuda con mi EM siempre me alienta. Además de eso, y dado que Diana entiende cómo trabajar con personas con limitaciones físicas, ella tiene una gran intuición para saber cuánto puedo exigirme. Al principio, esto me resultaba intimidante, pero he aprendido que una vez que uno se pone en contacto con su parte física y conoce sus límites, está bien desafiar a su cuerpo para ir un poco más allá.

Hacer ejercicio ayuda a mi cuerpo y es un gran incentivo para mi alma. Comenzar a hacer actividad física puede ser intimidante, por lo que Diana y yo hemos preparado algunos consejos para ayudarlo a levantarse del sofá e ir al gimnasio.

1. Consulte con los profesionales primero: hablar con su médico o un fisioterapeuta puede ayudarlo a decidir qué tipo de actividad física es la correcta para usted cuando vaya al gimnasio. Podría ser natación, caminar en una cinta o ejercitarse con aparatos de musculación. Cualquier cosa que lo ponga en movimiento puede ser un impulso para su cuerpo y su espíritu.

2. Busque opciones: no todas las rutinas de un gimnasio son adecuadas para las personas que viven con EM, y el cuerpo de cada persona es diferente. Mi consejo: ¡pruebe todas las opciones! Pruebe diferentes tipos de rutinas antes de decidirse por una definitiva. ¿Le interesa probar una clase? Muchos gimnasios ofrecen clases de prueba gratis, así que pruebe cualquiera que le parezca interesante. Uno nunca sabe lo que puede descubrir.

3. No exagere: tómeselo con calma. Nadie nunca se convirtió en un atleta de primera categoría de un día para otro. Trabaje para ir aumentando su fuerza con el tiempo y es posible que quede gratamente sorprendido por lo fuerte que se siente.

4. Comunique todo lo que le pasa: manténgase en contacto con su entrenador, ofrézcale su opinión y pregunte si no está seguro acerca de algo.

5. Prepárese: nada arruina más una sesión de entrenamiento que no contar con la ropa adecuada. Invierta en zapatillas adecuadas y ropa deportiva diseñada para regular la temperatura corporal a fin de evitar el sobrecalentamiento. Compre ropa de entrenamiento hecha con material sintético transpirable que absorbe la humedad de la piel para mantenerlo fresco y seco8.

6. Exíjase de a poco: cuando salga de su zona de comodidad física, asegúrese de hacerlo de forma gradual para no sobreexigirse. Es posible que hacer ejercicios cuando se tiene EM no sea algo simple, pero es un reto que puede asumir y se sentirá bien si lo hace.

7. Disfrute de la recuperación: preste mucha atención a cómo se siente su cuerpo después de la actividad física, descanse y permítase recuperarse correctamente. Mientras se relaja, asegúrese de disfrutar de las endorfinas inducidas por el ejercicio y enorgullézcase de hacer algo que es bueno para su mente, cuerpo y EM.

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