¿Podrían las noticias sobre “minicerebros” representar un avance en la esclerosis múltiple (EM)?

Siempre nos enteramos de nuevos y emocionantes avances en el laboratorio que podrían ser la esperanza de nuevas soluciones para la esclerosis múltiple. Entonces, ¿por qué todavía estamos esperando a que una aparezca en nuestro botiquín? Bueno, el motivo es que los presuntos avances en el laboratorio no siempre se materializan en el mundo real.

Y esto es porque los tratamientos que parecen efectivos en una placa de Petri, en un ensayo preclínico, pueden no ser efectivos para los humanos. También puede ocurrir lo contrario: ciertos tratamientos que no tienen efecto en el laboratorio pueden ser una panacea para las personas con EM y nunca los sabremos.

Por suerte, un nuevo e interesante avance podría transformar la investigación de enfermedades que afectan al cerebro y al sistema nervioso central. Los astutos científicos que trabajan con el profesor Thomas Hartung de la Escuela Bloomberg de Salud Pública de Johns Hopkins, han logrado crear cerebros humanos primitivos (estructuras similares al cerebro, para ser más precisos) en un laboratorio. Estos cerebros primitivos podrían ser la clave para probar nuevos tratamientos.

Si todo esto suena demasiado parecido a Frankenstein para ti, no temas. No estamos hablando de escalofriantes frascos con cabezas humanas dentro. Los “minicerebros” en realidad son pequeños conjuntos (más pequeños que la cabeza de un alfiler) de neuronas y otras células cerebrales que, aunque son simples, reaccionan y se comportan de la misma forma que sus equivalentes de tamaño real.

¿Cómo lo hicieron posible? La respuesta es células madre o células madre pluripotentes inducidas (induced pluripotent stem cells, iPSC), para ser exactos. Lo creas o no, los científicos pueden tomar células madre de la piel, por ejemplo, y reprogramarlas genéticamente para que se parezcan a células madre embrionarias. En otras palabras, células que aún no se han convertido en una forma de tejido en particular. Estas células madre luego son estimuladas para que se conviertan en células cerebrales. El profesor Hartung explicó que su equipo descubrió que estas células madre podían ser programadas para convertirse en distintos tipos de células cerebrales si se las exponía a la combinación adecuada de sustancias químicas.

En alrededor de dos meses, los minicerebros están formados por cuatro tipos de neuronas y dos tipos de células de sostén que nutren los nervios. Lo emocionante es que los cerebros incluso pueden mostrar actividad eléctrica, lo que demuestra que las células son capaces de comunicarse entre sí al igual que en el cerebro humano.

Pero lo realmente increíble es que si los minicerebros se crean a partir de células de personas con ciertos rasgos genéticos o con ciertas enfermedades, pueden usarse para estudiar estas afecciones. Por el momento, los científicos esperan estudiar el Parkinson, el Alzheimer, la esclerosis múltiple e incluso el autismo al generar estos minicerebros adaptados.

Uno de los tipos de células en los minicerebros son los oligodendrocitos, las mismas células que producen la vaina de mielina que resulta dañada con la esclerosis múltiple. De hecho, estas células incluso desarrollan las importantes vainas de mielina en la placa de cultivo celular. Esto les da a los investigadores la oportunidad única de estudiar el daño de la mielina de cerca y, con suerte, probar nuevas formas de incentivar a los oligodendrocitos para que reparen el daño de la vaina de mielina.

Los minicerebros son solo una de las muchas formas de “organoides” que están siendo desarrollados en la actualidad, ya que las nuevas tecnologías permiten que se cultiven hígados, riñones, intestinos y otros órganos primitivos en el laboratorio. No solo transformarán la manera en que se prueben los fármacos en el futuro, sino que la misma tecnología también podrá un día producir órganos más complejos para ser trasplantados a las personas.

Mientras tanto, los científicos esperan que los minicerebros comiencen a ser producidos en masa al final de este año y, muy pronto, los laboratorios de investigación de neurociencia de todas partes podrán usarlos para probar nuevos tratamientos.

En otras palabras, este avance podría dar origen a muchos más descubrimientos en el futuro cercano. Los minicerebros son pequeños, ¡pero poderosos!

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